Un Mundo Rojo

Un Mundo Rojo

viernes, 16 de marzo de 2012

A la mañana siguiente me sentía mucho mejor, ya no me sentía tan cansada y sonreía a cada momento por lo que fuera, me sentía fuerte, él me recogía del colegio y me llevaba a casa, a la semana le dije a mi madre, ella se alegró mucho ya que lo conocía y lo apreciaba desde tiempo atrás, después de la tarea salíamos al lago o pasear por el bosque, cada día era más increíble poder conocer un poco más de él, me relataba sus historias y parte de su imaginación… podía envolverme en toda su fascinante realidad sin que quisiera decir alto… besaba cada mañana, cada tarde y cada noche esos labios extraños, delgados tan hermosos, lo amaba… y cada día quería que fuera eterno y perdurar en un instante tan hermoso.

Mi madre había encontrado una pareja y estaba bien, quería ver a mi madre feliz lo merecía, hace mucho que no la veía así, pero él no era lo que yo esperaba, no me agrado nunca desde que bajo de su coche.

-¡Qué linda mujercita!, debes ser tú la hija de mi hermosa Cristina, eres bellísima tanto como tu madre.

Me acaricio el rostro y pelo sonriendo, mirándome con esos malditos ojos. Sabía lo que pensaba, me miraba mientras dormía, me espiaba cuando estaba con él, siempre que estábamos solos se acercaba a mí y tomaba mi mano besándola, acariciaba mi rostro y pelo, yo solo me levantaba y me iba.

Sabía que mi madre tenía el derecho pero no pensaba dejar que siguiera intimidándome, una noche le dije a mi madre como es que me sentía cuando él se acercaba y las caricias que me hacía, se quedó callada y después de pensarlo me dijo:

-Su intención no es molestarte, quiere tratarte como una hija, él quiere sentirte de esa forma, pero de todas formas hablare con él hija para que deje de incomodarte.

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