Una mañana tocaron la puerta, una mujer mayor y una señorita preguntaban por Raúl, oí en algún momento cuando Raúl me sacaba de pequeña que tenía una hija, su madre lo había abandonado por un hombre rico y se la había llevado, siempre que me miraba decía que recordaba a su pequeña Joanna, y era aquella señorita de risos dorados y ojos dorados, esa mañana me dirigía a la escuela, y la encontré en el pasillo, su mirada era tan serena, ni siquiera el no saber de su padre y la posibilidad de que estuviera muerto no la inquietaba, parecía que me dolía solo a mí, creí que al ser criada por una mujer que seguía al dinero como perro, ella sería igual, sin embargo me equivoque, Joanna era como Raúl , como el padre que la vida me regalo, quien dio la vida por salvarme a pesar de que yo no hice lo mismo por él, me regalaron un estupendo padre y su nombre no era Guillermo era Raúl.
No la volvería a ver hasta aquel momento en el que el inicio del final estaba.

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